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Una mañana una familia se dirigía a una bodega llamada "Las Bodegas Gomara".
Allí la familia se encontró con otra.
-!Qué raros son!- le dijo el niño a su madre.
-Carlos, calla, que te van a escuchar- contestó la madre.
El otro niño se llamaba Pedro.
Las familias se saludaron como si se conociesen de toda la vida; los padres le dijeron a Carlos y a Pedro:
-chicos, iros a dar una vuelta.
Y Carlos se resistía. El sabía que algo malo iba a pasar.
!Ah!, no lo he dicho. Carlos tenía una hermana llamada María. Ella también quería ir con su hermano y se la llevó.
Al entrar en la sala de fermentación, se cerraron las puertas y no se podía abrir. Pero María escuchó al lado hablar a sus padres con los de Pedro.
Ella enseguida empezó a gritar:
-!Socorro! !Nos hemos quedado encerrados! !Ayudadnos!
Y se hizo el silencio.
De repente un grito lo rompió.
-Carlos- dijo María. Es el grito de mamá, le ha pasado algo.
Pedro cogió una barra de hierro y le pegó con ella a María. Ella no aguantó el equilibrio y se calló en una barrica. Carlos la intentó ayudar hasta que consiguió sacarla.
Pedro y Carlos tuvieron una gran pelea. Y Pedro cayó en la misma barrica. Corriendo, María puso la tapadera encima y de repente se abrieron las puertas.
Entraron los padres de Pedro. Y empezaron a gritar: !Pedro! !No!
Y desaparecieron.
Carlos y María fueron corriendo para salvar a sus padres pero....habían fallecido.
Ellos fueron a la policía, se lo contaron todo y fueron a investigar. Ellos ( María y Carlos ) vivieron con sus tíos.
Después de diez años, Carlos y María fueron a la bodega para reformarla y contar su historia.
Así termina esta historia.
Soraya Navarro Pozo, 1º B. Participante en el Concurso de Relatos sobre la historia de Campanillas (Semana Cultural I.E.S. Torre del Prado)
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